El comienzo



Un dia cuando trabajaba en Inteligencia Internacional de pasante me encontré con un inmenso cuaderno numerado, de tapas duras color beige que rogaba que me lo llevara a casa y lo liberara de su aburrido futuro de recipiente de cuentas, informes y firmas al pie de página. Lo escuche, y lo ayude a escapar escondido dentro de mis cuadernos corrientes de estudio universitario.

Una vez solos los dos, fue simplemente natural llenarlo de recetas, reseñas de celebraciones, fotografías, los primeros dibujos de mis hijos, cuentas de supermercados, menúes, etc.

Nos fuimos llenando uno al otro, pues ahora es mi mayor recordatorio de tiempos muy felices y de eventos importantes.

Pero mis hijos se sienten frustrados cuando quieren replicar alguna de las recetas, pues son incapaces de descifrar mi hermosisima caligrafia Palmer, producto final de miradas reprobatorias de las monjas y de 30 minutos diarios de caligrafía con pluma fuente y tinta azul en papel de seda.

La gran mayoría de estas recetas tienen una carga emocional tremenda, de maravillosas energías positivas y son promesas de “channeling” de mi, de papi,  de sus abuelas, o tíos.

Como quiera que sea, están cargadas de amor, y dedicadas muy especialmente a mis hijos Manuel Valentin, Christiane Maria, Camille Maria y Tomas Manuel.

Gracias, Manuel Juvencio por insistir también en esta transcripcion.

Siempre mi fuente de inspiracion. 

Te amo

 

Y no, no me arrepiento de haber robado ese cuaderno.

 

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